Cada septiembre, en La Despensa, intentamos que las parras se tomen las cosas con calma. Son casi lo único en Colchagua que quisiéramos frenar. Después de un invierno tranquilo, el pasto está alto, hay que ocuparse del jardín y toca volver a abrir las habitaciones. Es mi época favorita del año.

Dejamos la poda para principios de septiembre. Si cae una helada tardía, esos días que ganamos al retrasar la brotación pueden marcar la diferencia: una yema cerrada tiene más posibilidades de salir ilesa que un brote tierno. Cuando asoman las primeras hojas, vale la pena agacharse a mirarlas. Desde el extremo de la hilera apenas se ven.

A las malezas, por desgracia, no les hace falta ningún estímulo. En un viñedo orgánico nunca terminamos del todo de controlarlas. A quien visite viñedos en venta en Chile le recomiendo recorrer las hileras con la persona que los cuida y preguntarle qué le ha tocado hacer esa semana. Haría lo mismo al visitar campos en venta en Chile: en media hora se aprende más que con una carpeta llena de fotos impecables.

Mientras tanto, en la bodega nos espera el vino que hicimos este otoño. Los tintos han pasado por la fermentación maloláctica durante el invierno. Al probarlos ahora, empezamos a hacernos una idea de lo que dará de sí la añada. Me gusta tener las dos cosechas así de cerca: las primeras hojas de la próxima al otro lado de la puerta y la anterior en mi copa.
Cerramos el alojamiento en invierno, así que en primavera hay que poner a punto las habitaciones y el jardín. Los rosales junto al muro de la bodega hacen su parte sin pedirnos mucho. Ya se puede comer afuera, pero al volver a casa después de cenar uno se alegra de haber llevado un chaleco.

Entre la poda y las primeras reservas, encontramos tiempo para ver a los amigos. A veces almorzamos en un restaurante del valle; otras, comemos por la noche en casa de alguien. Se agradece una sobremesa en la que nadie tiene que salir corriendo para dirigir una degustación. A fines de noviembre ya llevamos otra vez el ritmo del verano, con visitas, catas y huéspedes en La Despensa.
También recomiendo fines de noviembre para empezar a viajar más al sur. En la Patagonia el tiempo suele estar un poco más estable y los días se alargan. Si además del viaje te interesa conocer propiedades, nuestra guía de bienes raíces en la Patagonia chilena es un buen punto de partida. Yo, por mi parte, me quedaría una tarde más en Colchagua. Cuando el cielo se pone de ese color sobre las hileras, hasta las malezas pueden esperar a mañana.



